El Dolmen de Soto forma parte
del conjunto de más de doscientos monumentos megalíticos
de la provincia de Huelva, que se desarrollaron en le occidente europeo
entre el neolítico y la edad del Bronce. Fue descubierto por Don
Armando de Soto en 1922, iniciándose en ese mismo año las
excavaciones, las cuales finalizaron tras el estudio de Hugo Obermaier,
publicado en marzo de 1924 en el Boletín de la Sociedad Española
de Excursiones. Años más tarde, el 3 de junio de 1931, el
dolmen fue declarado Monumento Nacional.
El de Soto es un dolmen perteneciente a la familia de los dólmenes
de "corredor largo"(conjunto de dólmenes yuxtapuestos),
siendo el más grande de los encontrados en nuestra provincia y
uno de los mayores de la península. Está formado por una
cámara y un corredor en "V" que se ensancha hacia el
interior. Su longitud es de casi 21 m., variando su anchura desde los
0,82 m. en la puerta hasta los 3,10m. en la cámara. Está
orientado de Levante a Poniente, de tal manera que los primeros rayos
de sol en el equinocio, avanzan por el corredor y se proyectan en la cámara
durante unos minutos, en un rito donde quizás los difuntos renacían
de la vida de ultratumba, bañados por la luz solar.
No se puede poner en duda que el Dolmen de Soto y el anejo a él
pertenecen al pleno Eneolítico. Está comprobado esto por
su gigantesca y complicada arquitectura que marca una habilidad constructora
característica de la época mencionada. El eneolítico
es el período de transición entre el neolítico
y la plena Edad del Bronce. La misma fecha cronológica se deduce
del ajuar funerario depositado junto a los cadáveres como ofrendas
necesarias para la vida de ultratumba. Un número considerable
y variado de representaciones gráficas en las paredes parece
explicar la ausencia de pequeños ídolos sueltos que aquellos
pobladores dotaban a sus difuntos.
El mausoleo está construido, como la mayoría de los monumentos
similares, en el interior de un túmulo bastante suave, de forma
casi circular que se destaca perfectamente del llano que lo rodea. Este
cerrete, completamente artificial, es una acumulación considerable
de tierra blancuzca, con la que están entremezclados pequeños
fragmentos de piedra y que fue traída desde lejos, pues no se
encuentra en toda la finca. Solamente en la base aparece tierra rojiza,
típica del subsuelo normal.
Se encuentra enclavado en el cabecillo del "Zancarrón",
en la finca "La Lobita" que pertenece al término municipal
de Trigueros.Para visitar este monumento histórico artístico
nacional, el visitante podrá hacerlo bien por camino directamente
desde Trigueros o por la carretera nacional Sevilla-Huelva hasta llegar
a la mitad del kilómetro 619.
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